Psicología Para Estudiantes

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Mecanismo y Organismo

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Tres Teorías Psicológicas

La psicología trata de la conducta del hombre, de sus experiencias íntimas y de las relaciones entre ambas. También se ocupa de los órganos que ejercen influencia sobre la experiencia y el comportamiento y de las conexiones de éstos con el ambiente. El psicólogo se propone descubrir la estructura, las causas y los efectos de la conducta. Pero aunque la obligación de todo hombre de ciencia, y la psicología pretende ser una ciencia, es la objetividad, la manera de plantearse los principios fundamentales de la conducta depende del punto de vista del psicólogo. Para simplificar el problema comenzaremos diciendo que las tres interpretaciones más importantes de la conducta humana son: la mecanicista, la vitalista y la organicista

El concepto mecanicista es muy antiguo, pues aparece ya en Demócrito, uno de los primeros filósofos griegos. Casi dos mil años después, Descartes considera al organismo parecido a un autómata: la substancia del cuerpo vivo, dice, determina sus funciones, las cuales dan lugar a la vida. Del mismo modo se creyó que la psique se basaba en mecanismos físicos y así, tanto el pensamiento corno la vida fueron considerados derivados de la materia, la cual podía ser explicada mecánicamente.

Los mecanicistas no encuentran diferencias fundamentales entre vida y materia, y declaran que el análisis de un objeto, animado o inánime, en sus diversos elementos, nos lleva a la explicación de sus manifestaciones. Creen que la sucesión de los acontecimientos está rígidamente determinada; que los hechos se enlazan unos a otros como las piezas de una máquina y que a determinados antecedentes fijos deben corresponder siempre las mismas cadenas de consecuentes; que si conocemos todos los factores de una situación dada en determinado momento, podemos predecir los resultados, porque el curso de los acontecimientos en ese sistema mecánico es fijo, determinado e inequívoco, y que los hechos se suceden en la misma forma en que cada eslabón de una cadena se enlaza con el que le precede.

Otro grupo de pensadotes cree que existe un abismo entre los fenómenos físicos y los vitales. Estos últimos no se pueden predecir con exactitud. A cualquier circunstancia pueden corresponder diversas formas de conducta. La fuerza vital la considera como algo de naturaleza única, con propiedades distintas de las que actúan en la "substancia". Mientras las fuerzas materiales están determinadas y actúan solamente debido a alguna causa, las fuerzas orgánicas se deben no sólo a causas sino a fines. A esta tendencia hacia un objeto o finalidad (en griego, “telos") se le llama teleológica. El filósofo Kant dice en su Crítica del juicio:

Ciertas substancias de naturaleza material no pueden juzgarse de acuerdo con simples leyes mecánicas. Para juzgarlas se requiere distinta ley de causalidad, especialmente la de las causas finales.

El principio teleológico es una propiedad adicional de la materia viva y escapa a la medida y a la predicción. Resulta muy desagradable para la ciencia tener que contar con ese factor x que echa por tierra el cuidadoso esquema de sus cálculos. Sin embargo, "la actividad del cuerpo vivo no es estrictamente función del número ni de la configuración espacial de las partículas que lo componen en un momento dado. Ése es el concepto del vitalismo.

La historia antigua de la psicología nos habla de dos conceptos: el del mecanicismo y el del vitalismo. El concepto mecanicista, que acentúa principalmente la determinación y a la predicción es, generalmente, "estático", mientras el vitalismo, que se apoya en una incógnita x, es "dinámico". Estos principios aparecen ya en los filósofos griegos formando dos grupos, uno que piensa dinámicamente, como Heráclito con su concepto de los cambios continuos y otro con Empédocles, que divide el mundo en elementos fijos. Se intentó combinar ambos conceptos suponiendo una unidad compuesta por una dualidad en la que se distinguirían la psique y la materia o cuerpo. Platón, en un dualismo psicofísico, divide el mundo en dos clases de fenómenos: "cosas" e "ideas". Aristóteles, insistiendo en la división estática, clasifica los elementos del alma y los de la psique. Durante las centurias siguientes la clasificación de las causas fue sustituida por la de los fines, con lo que la psicología se transformó en ética (San Pablo, San Agustín, Santo Tomás). Con el despenar de la ciencia en los siglos XVI y XVII aparece un nuevo punto de vista (Copérnico, Keplero, Galileo, Newton, Harvey). La gran contribución de estos pensadores al desarrollo posterior de la psicología se debió a su insistencia en la observación de los lechos. Galileo llamo la atención hacia el hecho de que todo el universo es gobernado por las mismas leyes, señalando la imposibilidad de una clasificación rígida que separe unos fenómenos de otros; introdujo así un nuevo concepto dinámico.

Descartes resucita, en el terreno de la filosofía, el dualismo platónico, considerando al cuerpo como una máquina y a la psique como una entidad espiritual. Spinoza, por otro lado, aunque creyendo en la mensurabilidad de los fenómenos psicológicos (la ética demostrada geométricamente), considera al cuerpo y a la psique como dos aspectos de la misma cosa, tal como una fotografía estereoscópica. El concepto estático fue subrayado por algunos filósofos ingleses como Locke, quien afirma que la máquina humana obtiene sus elementos psíquicos del ambiente. Según Hume, las sensaciones e ideas basadas en asociaciones ponen en movimiento el aparato psíquico.

De aquí en adelante, durante los siglos XVIII y XIX las teorías psicológicas van diferenciándose de las estrictamente filosóficas, basadas la mayor parte de ellas en el asociacionismo (Hartley, Mill, Spencer, Bain). Aunque, apoyado en elementos estáticos aparece, con Darwin, un nuevo concepto dinámico que, acentuando los mecanismos del desarrollo, señala que dichos mecanismos no serían ciegos, sino dirigidos a un fin.

Simultáneamente aparece en Alemania una evolución del pensamiento psicológico. La psique fue dividida en departamentos tales como el de la voluntad, el del intelecto y de las emociones, y subdividida en facultades psíquicas (Ch. Wolff, Kant). Estas facultades, de las que Gall distinguía veintisiete, fueron relacionadas con las áreas craneales, teoría que, aunque rechazada posteriormente, dio lugar a que se investigase la localización de las facultades en el cerebro.

Los descubrimientos fisiológicos estimularon el desarrollo de la psicología experimental. Los estudios sobre el funcionamiento del sistema nervioso (Whytt, Haller, Galvani, Bell, Magendi) y sobre la actividad cerebral (Flourens, Broca, Fritsch e Hitzig) así como los relativos a los órganos de los sentidos (J. Müller, Helmholtz, Hering) relacionaron la psicología con la fisiología. La maquinaria psíquica fue estudiada en sus hilos conductores, correas de transmisión y receptores.

Con Guillermo Wundt se produce un viraje hacia el concepto dinámico. Fundador del primer laboratorio de psicología experimental, se interesó especialmente por la actividad consciente y por los conceptos estudiados en la psicología de los pueblos. También en Francia y en los Estados Unidos aparecen conceptos estáticos y dinámicos. Binet idea "las pruebas estáticas de inteligencia, las que tuvieron un gran desarrollo en América. James expone una teoría mecanicista de las emociones y Watson crea su teoría mecanicista del conductismo. Se desarrollan nuevos conceptos dinámicos a partir del estudio de las personalidades anormales (Ribot, Charcot, Freud), del estudio del niño (Stanley may) y partiendo de la observación de los procesos perceptivos dinámicos, de la que se deriva la. teoría de las estructuras (Gestalt) fundada por Wertheimer.

La antítesis mecanismo-vitalismo conduce más recientemente a un nuevo concepto, ni mecanicista ni vitalista, al que se conoce con el nombre de organicismo. Según el punto de vista mecanicista las funciones psicológicas y biológicas del hombre se asemejan al conjunto de piezas de una máquina y pueden ser reducidas a fórmulas como los fenómenos de la física. Según el concepto vitalista el organismo es más que una máquina y es dirigido por una fuerza organizada que no puede ser comparada con las fuerzas físicas. La teoría organicista afirma que la base de todos los fenómenos (físicos, biológicos y psíquicos) es un sistema de energía que "satisface a las proposiciones de la lógica de la dinámica".

Tan fragmentario punto de vista omite las contribuciones más importantes que han impulsado el desarrollo de la psicología.


Psicología Mecanicista

A primera vista resulta muy sugestiva la idea de concebir. mecánicamente las actividades biológicas y psíquicas. La lámpara de la vida comienza a arder cuando se establece el contacto entre macho y hembra. El desarrollo fetal está preestablecido y ciertas leyes de la herencia indican relaciones fijas. Gregorio Mendel (1822-1884) realizó los primeros experimentos sistemáticos sobre la herencia cruzando guisantes verdes con guisantes amarillos, resultando que todos los procedentes de este cruce fueron amarillos. Cuando cruzó plantas enanas con otras altas la descendencia fue toda de esta última clase. Mendel formu1ó así su primer descubrimiento exponiendo que un elemento de la combinación hereditaria era más fuerte que el otro y deduciendo de ello la ley de los caracteres dominantes. Si Mendel no hubiese continuado sus investigaciones se hubiese llegado a sostener el concepto puramente mecánico de que en la herencia el elemento más fuerte determina el desarrollo como una fuerza interna. En sus comienzos, la "máquina" humana es imperfecta. Durante el primer mes de la vida embrionaria la conducta no se manifiesta aún, el organismo es inerte y ningún estímulo consigue hacerlo reaccionar. Hacia el final del segundo mes la estimulación directa de los músculos produce algunas contracciones y sacudidas. La actividad espontánea aparece al comenzar el tercer mes. Se suponía antes que el desarrollo consistía simplemente en el encadenamiento de dichas sacudidas. Sin embargo, hoy sabemos que este comienzo de actividad es tosco y masivo; que un estímulo aplicado a cualquier parte del cuerpo provoca el movimiento de todo él. La diferenciación se establece en los últimos meses del desarrollo fetal. La sensibilidad visual no aparece antes del octavo mes de vida intrauterina y el aparato auditivo en la ultima etapa fetal. Respecto al cerebro, se sabe que su control sobre la conducta se establece en los primeros meses siguientes al nacimiento. El recién nacido tiene una sensibilidad algo débil. La sensibilidad al contacto, a la temperatura y al dolor en la más elevada; parece ser que la sensibilidad gustativa y la olfatoria son las más bajas y hasta faltan por completo, y son también bajas, aunque no tanto la visual y la auditiva.

Así pues, vemos que una vez ensambladas las piezas de la máquina no trabajan muy bien como un todo, tal como ocurre en las máquinas mecánicas, sino que. adquieren su precisión con el uso. Es muy sugestivo el concepto de que el ambiente condiciona las funciones, pero muchas funciones aparecen y desaparecen sin que el ambiente influya durante el crecimiento infantil hasta su maduración. En cierto momento del desarrollo empieza a ejercer un control sobre los músculos que mueven la cabeza y los brazos (entre la 16 y la 28 semana), consigue dominar el tronco y las manos (entre la 40 y la 52 semana), camina y articula palabras (segundo año) y compone frases (tercer año). Este desarrollo parece seguir un curso metódico; no puede modificarse mucho desde fuera, pues va diferenciándose a sí mismo interiormente y sólo en parte es estimulado por el ambiente.

Pero existen también funciones que van desapareciendo paulatinamente, como el reflejo plantar, que se produce cuando es estimulada la planta del pie; el reflejo palmar, o de prensión, que consiste en la tendencia del infante a agarrar fuertemente cualquier cosa que se ponga en contacto con la palma de su mano; el reflejo de Moro, o sea el movimiento de flexión y elevación de los brazos hacia arriba cuando se asusta al niño. También desaparecen los movimientos coordinados de natación que el niño ejecuta cuando se le pone sobre el agua en decúbito prono, y que constituyen uno de los elementos en que se basa la teoría filogenética, según la cual el individuo, en su desarrollo (ontogénesis), resume el desarrollo de las especies en sus diferentes etapas. Todos estos reflejos que el niño conserva desde su existencia en el útero materno, desaparecen. Así pues, la máquina no sólo se modifica por el ambiente sino que se modifica a sí misma.

La teoría de la máquina mental se basa en el fenómeno de que los reflejos continúan apareciendo en los animales decapitados. La teoría mecánica de los reflejos y de la psique fue relacionada con la más terrible aplicación dada a una maquina: la guillotina. ¿Produce la guillotinación dolor en el decapitado? Esta cuestión, planteada por el Dr. P. J. G. Cabanis, impulsó ciertas investigaciones sobre la actividad nerviosa. En época más reciente la teoría refleja de la psique halló eco en los fisiólogos rusos: Iván Pavlov y Viadimiro M. Bechtérev, y en un norteamericano: John Watson.

El cuerpo, solicitado constantemente por estímulos perentorios, se adapta continuamente a las nuevas situaciones mediante reflejos que actúan rápidamente sin intervención de la actividad mental consciente. La mano que toca un hierro ardiente es retirada bruscamente aun sin razonar y, de hecho, antes de sentir dolor el sujeto. Lo mismo ocurre con el gran número de actos reflejos que no se aprenden, sino que dependen de conexiones congénitas del sistema nervioso. Pavlov demostró que dichos reflejos pueden condicionarse no sólo endógena, sino también exógenamente. Si producimos un estímulo sonoro ante un perro y, cuando hemos atraído su atención, le presentamos un trozo de alimento, el animal se apodera de él, la saliva fluye en su boca y se traga la comida con deleite. Cuando repetimos el experimento varias veces, el perro espera el alimento cuando oye el sonido y la saliva comienza a excretarse porque el animal asocia el sonido del silbato con la comida. Incluso aun no presentándole alimento alguno, la actividad refleja comienza en cuanto oye el sonido como si se apretase el interruptor de una máquina. La actividad es condicionada desde afuera y se le llama, entonces, reflejo condicionado. La actividad secretoria de las glándulas se medía mediante una cánula colocada en los conductos salivales. Pavlov describe el experimento siguiente: varios cachorrillos fueron separados de sus madres y alimentados exclusivamente con leche durante bastante tiempo. Al principio, a estos perrillos con fístula en los conductos salivales se les mostraba algún trozo de alimento sólido pero sin permitirles que lo comiesen, y no se producía entonces alguna secreción salival; esta última sólo apareció en cuanto se les permitió que comiesen el alimento sólido, es decir, que el reflejo condicionado no dependía de la vista del alimento sino de la asociación con el mismo. Ciertos trastornos repentinos durante la acción refleja la inhiben. Pavlov cree que la estimulación y la inhibición de los reflejos son la base de toda actividad psíquica. "Es evidente -dice- que las distintas especies de hábitos fundados en el aprendizaje, la educación y la disciplina no son sino una larga cadena de reflejos condicionados."

Bechtérev, continuando y ampliando los trabajos de Pavlov, funda la escuela "reflexológica", de la cual él mismo dice que "se apoya con un pie en la biología y con otro en la sociología, aunque, sin embargo, debe constituir una disciplina científica independiente que establezca las relaciones entre el conocimiento biológico y el sociológico, pero sin confundirse con ninguno de ellos". Según Bechtérev, toda reacción psíquica es resultado de dos factores: uno el estímulo especifico del ambiente, que sería como el conmutador exterior de la máquina y el otro las conexiones internas de la máquina, establecidas por experiencias anteriores y por la herencia. La teoría de Bechtérev dividida en reflexología general, individual, colectiva, genética y de la edad trata de crear una gran máquina modelo para todos los aspectos de la vida y aun del universo.

La teoría de los reflejos condicionados tuvo amplia resonancia en los Estados Unidos. Como no solamente pueden ser condicionados los reflejos sino toda clase de respuestas fue sugerido el término de "respuesta condicionada" (R. C.) habiéndose realizado cientos de experimentos y relacionando condicionamiento y aprendizaje.

Otra parte de esta máquina modelo del alma, psique o personalidad humana fue construida por John B. Watson, quien trata de eliminar del robot humano todo rastro de psique o de conciencia. Supone Watson que la máquina humana posee tres tipos básicos de reflejos: los que corresponden a las vísceras (reflejos viscerales), los de los músculos y miembros (reflejos manuales) y los de los órganos del lenguaje (reflejos verbales). Del mismo modo que los alimentos podían ser sustituidos en el perro por un silbato, así un estímulo puede ser sustituido por otro mediante asociaciones. Se trataría de una red de reflejos de las tres clases, con distintas respuestas que estarían encadenadas una a otra como partes de una máquina movida por una correa de transmisión y seguirían al un estímulo a semejanza de las máquinas traganíqueles que nos devuelven un objeto cuando depositamos una moneda en la ranura. El hombre es considerado como un autómata compuesto de reflejos. Los elementos subjetivos que antes destacaban muchos psicólogos, se basan realmente, según los conductistas, en factores mecánicos y materiales. Según ellos, la psique es como un mecanismo de relojería en el que cada asociación está marcada por una experiencia y se añade, como en un mosaico, a la asociación precedente. Watson indicó el motivo emocional que desarrolló el concepto mecanicista y elevó su protesta contra el antiguo concepto dualista que separaba cuerpo y espíritu, siendo éste último un fenómeno extranatural que como una fuerza mística escapaba de las manos del hombre de ciencia para caer en las del teólogo. La física puede ser tomada como ejemplo de ciencia; del mismo modo la psicología debe llegar a ser física, materialista, mecanicista y determinista, en una palabra, objetiva. La psicología tiene que borrar los conceptos místicos de valores superiores y eliminar los peligrosos términos de contenido teológico tales como "alma", "psique" y "conciencia". La conciencia es para Watson una simple suposición". La influencia de Darwin hace que algunos admitan la existencia de los más elevados procesos aun en los animales y que otros, como Watson crean que el animal humano es un mecanismo físico o químico como la amiba. Los conceptos de Watson expuestos en su tesis doctoral: "Sensaciones kinestésicas y orgánicas; su papel en las reacciones de la rata blanca ante el laberinto", permanecen exactos cuando los aplica a los seres humanos. Según ellos el hombre es un manojo de sensaciones kinestésicas y orgánicas en el laberinto del mundo en cuyo extremo no hay más que una cajita con comida. Watson dice lisa y llanamente que se puede explicar el ser humano con la misma exactitud una máquina. El objeto de la psicología lo constituye una criatura en movimiento, tanto si se trata de una rata recorriendo un laberinto como si de un hombre cruzando una calle No hay otra cosa que movimientos incluso el aprendizaje es explicado más desde un punto de vista muscular que cerebral Los movimientos constituyen la conducta y el hombre sólo existe como un autómata conductista. Llénese el autómata con cualquier cosa y actuara de acuerdo con lo que hayamos puesto dentro: poetas, criminales, psicólogos o neuróticos. Empleando las mismas palabras de Watson:

"Denme una docena de lactantes sanos, bien formados y me comprometo a hacer de cada uno de ellos, al azar, cualquier tipo de especialista: médico, abogado, artista, jefe de ventas e incluso mendigo y ladrón, independientemente de su talento, tendencias, vocaciones y raza de sus antepasados."

Ése fue, en 1913, el grito de guerra de Watson, quien redujo las diversas emociones a tres mecanismos hereditarios: miedo, ira y amor. Los conductistas modernos han adoptado una posición mucho más moderada requiriendo especialmente el que una situación sea definida para incluirla en la psicología. Sin embargo en Rusia y en Alemania la filosofía mecanicista ha llegado a peligrosos extremos, como el concepto del hombre superrobot que sería dirigido por los motores del miedo, la ira y el amor; la excesiva insistencia sobre los procesos motores; la adoración de la máquina y la fe ciega en la estructura pasiva del hombre fuera de la cual nada puede hacerse, ideas que han conducido a la agresiva psicología del fascismo.


Psicología Organicista

Antes de valorar la contribución del concepto mecanicista a la psicología debemos examinar el lado opuesto y sus descubrimientos. La disyuntiva comenzó con Gregorio Mendel. Su primera ley o de los caracteres dominantes era un poco simplista. Cuando cruzó plantas verdes con plantas amarillas y se encontró a la generación siguiente con que toda la prole era amarilla semejándose en un todo a uno de los progenitores, Mendel se preguntó qué había pasado con el elemento verde y si habría sido totalmente asimilado por el factor amarillo. Tomó entonces una semilla híbrida amarilla, que no se distinguía de las procedentes de plantas amarillas puras y la cruzó con otras semillas en la forma siguiente:

  1. Una semilla híbrida con una amarilla pura;
  2. Una semilla híbrida con una verde pura;
  3. Una semilla híbrida con otra también híbrida, ambas amarillas.

Ocurrió entonces un hecho sorprendente: el cruce de los híbridos amarillos no sólo produjo plantas amarillas sino también algunas verdes. El verde, que había desaparecido en la primera generación, reaparecía en la segunda; no había sido, pues, disuelto por el elemento dominante, sino que había permanecido oculto o en estado "recesivo", como lo llamó Mendel.

Posteriores experimentos llevados a cabo en las sucesivas generaciones mostraron otras complicaciones, las que, en forma similar, aparecen también en los experimentos con animales. Si una gallina negra de raza andaluza se cruza con otra blanca de igual raza la primera generación está compuesta de gallinas azuladas; si se cruzan dos de estas últimas, la generación siguiente se divide en partes perfectamente definidas: la cuarta parte negra, la mitad gris azulada y la otra cuarta parte blanca. Las siguientes generaciones demuestran que la negra sola o la blanca sola dan descendientes semejantes a ellas, mientras que las grises azuladas continúan reproduciéndose en las proporciones indicadas arriba. Esto se explica por el hecho de que la gallina negra posee dos unidades germinales negras, la blanca dos unidades germina1es blancas, mientras la gris azulada posee una unidad germinal negra y otra blanca. Como antes indicamos, cuando se cruzan dos especies de diferente color o forma, uno de los colores o de las formas es dominante y el otro recesivo. La generación procedente de un ratón gris y otro blanco es gris (color dominante), pero a la segunda generación aparece el blanco (color recesivo) en la proporción usual de una cuarta parte contra tres cuartas partes del gris.

Este fenómeno adquiere más importancia cuando nos enfrentamos con el problema de la herencia humana. Sin embargo, en este caso, el proceso es más difícil de observar porque los seres humanos no se reproducen como los guisantes o los ratones y la familia humana no engendra suficientes hijos para poder establecer relaciones. Además, el hombre es mucho más complejo y muchos fenómenos que parecen, a primera vista, hereditarios, pueden ser explicados por las condiciones del ambiente. Si un hijo desarrolla los mismos síntomas nerviosos que su padre se debe principalmente a una identificación psicológica o a factores hereditarios parecidos pero no a la herencia por sí misma. Conocemos ciertos hechos hereditarios, algunos muy singulares por cierto. Por ejemplo, la calvicie solamente es hereditaria por la línea masculina, el padre la transmite al hijo, pero no a la hija. También existe una herencia de ciertas enfermedades, aunque acerca de muchas de ellas todavía se suscitan discusiones. En una serie de experimentos con ratones de la especie Maud Slye se observó que los rasgos recesivos del cáncer aparecen a la quinta generación. Si, en este caso, quisiéramos obtener una conclusi6n acerca de la herencia humana tendríamos que estar observando las generaciones sucesivas desde el momento actual hasta el año 2130. Entre las trasmisiones hereditarias que nos son conocidas se encuentran la sordomudez, la alergia, la hemofilia, el daltonismo y ciertas enfermedades nerviosas poco comunes. Las probabilidades de enfermar de epilepsia alcanzan al 10% de los niños que han tenido un progenitor epiléptico.

Veamos ahora algunos aspectos acerca de los rasgos psíquicos. Posee más datos suficientes para afirmar que los rasgos psíquicos básicos o mejor, ciertos conjuntos psíquicos, son hereditarios. estos son más aparentes en los casos extremos tales como la debilidad mental o el genio. Sin embargo, los rasgos psíquicos son, por lo general, demasiado complejos para ser descubiertos, y aun en el caso de que un rasgo simple fuese hereditariamente transmitido podría modificarse en tal forma que fuese difícil de reconocer. Así, por ejemplo, el padre podría ser un poeta y el hijo un inventor; a primera vista no hay en ello similitud alguna pero puede haber sido la fantasía lo que se ha heredado.

El fenómeno de la herencia parecería un hecho mecánico, pero ¿ qué clase de máquina puede retener durante generaciones sus elementos energéticos y agruparlos en forma tan extraña? Si los caracteres mendelianos de cada organismo forman un mosaico de elementos hereditarios transmisibles independientemente unos de otros ¿qué es lo que reúne estos caracteres independientes en un todo armonioso? ¿Es una disposición preestablecida para cada organismo, una tuerza conductora, un principió director que independientemente de aquella disposición? Si aceptamos esto nos separamos del esquema creador por la ciencia. Pero ya nos habíamos separado cuando concebidos en el vientre de nuestra madre, los fenómenos que allí ocurrieron fueron los de la división celular (según Boveri).

El individuo, que se origina por la unión sexual un óvulo y un espermatozoide, recibe básicamente 24 cromosomas del padre y otros tantos de la madre. Dichos cromosomas son las unidades visibles más pequeñas y se supone que están formados por genes, siendo estos genes, teóricamente, lo que los electrones son en física. La célula microscópica se escinde y da lugar a otras dos, después a cuatro, luego a ocho y, finalmente, a millones. En la célula misma, se dividen los cromosomas en forma semejante de tal modo que cada célula del mismo individuo contenga idéntico número de cromosomas. Estas células van diferenciándose para formar los distintos tejidos y órganos. Hasta ahora nadie sabe cómo ocurre este fenómeno, porque originalmente cada célula parece poseer las mismas potencialidades. No se puede imaginar ningún mecanismo que pueda construir por sí mismo estructuras completamente diferentes partiendo de los mismos materiales. Estructuralmente no se conoce ningún dato que permita saber qué células van a dar origen al estómago y cuáles al cerebro. Si no podemos pensar que en cada célula haya una fuerza directiva que determine su lugar en el conjunto, debemos admitir que existen ciertas fuerzas ambientales que condicionan la agrupación de estos elementos.

Los procesos biológicos y psíquicos no son estáticos como los de una máquina sino dinámicos, energéticos. Cada centro ejerce una influencia energética sobre los elementos circundantes. Un ejemplo demostrativo lo constituye el desarrollo del ojo. La primera célula ocular aparece como una excrescencia del encéfalo rudimentario y estimula el nacimiento de células que comienzan a formar el cristalino. A esta formación vienen a agregarse otras células hasta que el ojo está completo. Si se transplanta la célula original a la piel del abdomen, también aquí estimula la formación de otras y desarrolla un ojo en esa región que, originalmente, no está hecha para ello. Ocurre así que una célula puede llegar a ser el centro de una configuración, el centro de un grupo, si así puede decirse, y dominar el desarrollo en determinada región. La formación de todo el cuerpo acaece de acuerdo con tales células directoras. Cada parte del cuerpo influye energéticamente sobre las zonas que la rodean y, de modo semejante, cada centro cerebral influye las regiones vecinas y otros centros encefálicos.

En el momento de la unión germinal existen 24 pares de cromosomas paternos y 24 maternos. Podría suponerse, por tanto, que procediendo todos los hijos de los mismos recursos deberían ser iguales, pero la ley de la herencia, que erige que cada uno de nosotros tenga solamente 24 cromosomas, impide que tengamos 24 cromosomas de la madre y 24 del padre. La mitad de los cromosomas deben ser destruidos, lo que sucede cuando el óvulo, en su proceso de maduración, antes de ser fecundado, expulsa un cromosoma de cada par; el espermatozoide sufre el mismo proceso y, en ambos casos, la expulsión de los cromosomas se hace probablemente al azar. Nadie sabe cuáles son los cromosomas que proceden del padre ni cuáles los de la madre, pues son posibles millones de combinaciones. Lo único seguro es que cada combinación es única y no existen dos huevos fecundados de la misma madre que tengan los mismos pares de cromosomas. Cada grupo de cromosomas contiene los jeroglíficos correspondientes al futuro desarrollo individual o, como ha dicho Schrödinger, su "código cifrado".

¡Extraña máquina que se desarrolla a partir de los cromosomas y sus ocultas leyes de configuración y herencia! Sin embargo, todavía podría creerse que cada cromosoma es una pequeña máquina autónoma con propiedades rígidas, fijas y preestablecidas, si no hubiese observaciones que hacen cuestionable tal concepto.

Cuando Hans Driesch, biólogo alemán contemporáneo, realizaba sus experimentos sobre la blástula del erizo de mar, hizo un descubrimiento sorprendente. Dividió la blástula de dicho equinodermo en dos partes iguales. Como los elementos del desarrollo están simétricamente distribuidos en la blástula; el resultado de la división, de acuerdo con el concepto mecanicista, debería seguir una de estas dos posibilidades: o bien se desarrollaba un erizo de cada mitad o bien no se desarrollaba ninguno, por haber sido destruido el mecanismo de desarrollo. Pero ocurrió un hecho sorprendente: el resultado de la división fue un erizo de mar completo pero proporcionalmente más pequeño, de acuerdo con la cantidad de protoplasma escindida. Cualquier fragmento separado al azar del protoplasma daba lugar a un embrión completo.

Tomemos otro delicado animal, la clavelina, ascidio marino que está compuesto de dos órganos principales dentro de un cuerpo en forma de odre. Si cortamos la extremidad del cono se produce el fenómeno de la regeneración, el cual se observa también en el cangrejo, que puede regenerar una de sus pinzas o, en menor escala cuando, en el hombre, se cura una herida. Pero si cortamos la clavelina por la mitad no queda substancia para una regeneración y entonces ocurre algo increíble. El animal regresa a su estado original, una esfera de protoplasma, procediendo a rehacer con su substancia viva una nueva clavelina, un organismo completo. Ninguna máquina podría hacer esto. Si alguna pieza de la máquina se estropea otra pieza puede quizá suplir su función, pero la máquina no puede desmontarse por sí sola, acoplar las partes que quedan y reconstruirse de nuevo. La restitución de partes de un animal, por ejemplo, la piel, sugiere que en el organismo debe haber un principio organizador que elabora la materia hasta conseguir un conjunto. Dicho principio organizador, como la entelequia aristotélica, dispone el organismo en un sistema armonioso. El organismo ya no aparece como la suma de sus partes sino que es el total el que determina las partes.

Todavía no sabemos en qué consiste tal conjunto, pero tanto la psicología como la biología han encontrado dicho factor organizador, bebido a él pueden funcionar nuestras percepciones, transformando estímulos simples en los objetos que vemos, los sonidos que oímos y los sentimientos que sentimos. Nuestra percepción selecciona, transforma, agrupa, organiza é integra. Esto es algo más que una simple respuesta a un estímulo simple o, en otras palabras, el mundo está compuesto, para nosotros, de elementos inconexos. Vamos a discutir ahora este fenómeno en relación con las demás funciones. Esta fuerza vital organizadora que podemos designar con cualquier otro nombre (Driesch, siguiendo a Aristóteles, la llamó entelequia indicando con ello una fuerza vital inteligible), función "O" del organismo que lo diferencia de la máquina, no posee una sola propiedad sino varias, sólo selecciona, agrupa, dirige y transforma sino parece constituir la base de los reflejos e instintos seleccionando y equilibrando armoniosamente todas funciones. Está estrechamente relacionada con el proceso "vital" que impide que el organismo se desintegre.

Se han formulado diversas sugestiones de orden químico, pero lo que a nosotros interesa es que las funciones de la máquina orgánica no pueden separarse del proceso vital. Driesch rechaza la explicación que puede dar una teoría química, puesto que los elementos químicos son pocos y por ende, además, la forma de los órganos elementales no está de acuerdo con las diferencias químicas. Rechaza la teoría mecanicista porque en cada parte del armonioso conjunto debe haber algo que le permite tan diversas funciones.

Las modernas teorías del desarrollo han avanzado a partir de Driesch, pero los problemas básicos no han cambiado. Aunque se llegara a descubrir en el organismo una unidad mecánica esencial, los últimos descubrimientos ponen de manifiesto que ninguna de esas supuestas unidades mecánicas desempeñaría un papel exclusivo en la determinación de ningún carácter simple.

Aunque no podemos concluir si la vida es dirigida por una misteriosa fuerza orgánica distinta de la fuerza mecánica, podemos estar seguros de que las unidades esenciales, cualquiera que sea su estructura, no funcionan en la misma forma que las unidades esenciales de las máquinas construidas hasta ahora por el hombre. Quizá lleguemos a ser capaces de construir un hombre-robot, pero su maquinaria sería muy distinta del simple concepto mecánico que tenemos ahora. Cuando usamos la frase "organismo contra mecanismo" queremos decir que las funciones orgánicas son distintas de las de las máquinas conocidas hasta ahora. El término "organismo" servirá como un signo que indique las relaciones dinámicas, infinitamente más complicadas que las estáticas. Cuando hayamos comprendido estas diferencias podremos eliminarlas desde un nuevo punto de vista, especialmente el organicista. Si los fenómenos psicológicos se reducen a manifestaciones de energía, las diferencias entre los problemas físicos y biológicos sólo pueden apoyarse en el hecho de que la esfera biológica parece ser más complicada que la física y la psicológica más que la biológica. Como estudiaremos más adelante, los procesos psicológicos que son resultado de impresiones como los estudiados por la psicología de las estructuras (Gestalt) y los procesos psicológicos que producen nuestras expresiones de los cuales trata el psicoanálisis y la psicología experimental profunda, deben ser comprendidos como fenómenos de energía y de su dinámica, sobre la que se basan los fenómenos físicos, biológicos y psicológicos.

Para simplificar podemos resumir las diferencias más importantes de estos puntos de vista en la forma siguiente: de acuerdo con la teoría mecanicista la conducta del hombre se considera como la de una máquina: el comportamiento total es igual a la suma de elementos simples y fijos. Desde un punto de vista vitalista la conducta humana es dirigida por una fuerza vital y el comportamiento total sería igual a sus elementos simples más dicha fuerza. El concepto organicista considera la conducta del hombre no conforme a una disposición fija, sino como un sistema dinámico; la conducta total sería más que la suma de sus partes y el centro directivo sería la resultante de las relaciones funcionales.

 

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Entérate

Los investigadores, dirigidos por Murat Yücel, realizaron imágenes de resonancia magnética estructural de alta resolución realizadas en 15 hombres con una media de edad de 40 años que habían fumado más de cinco cigarrillos de marihuana al día durante más de 10 años. Sus resultados se compararon con imágenes de 16 individuos, con una media de 36 años, que nunca habían consumido cannabis. Todos los participantes realizaron una prueba de memoria verbal y fueron evaluados en relación a un umbral de síntomas por debajo del estándar del diagnóstico de enfermedad de trastornos psicóticos, que incluye la esquizofrenia y la manía.
El hipocampo, que se cree regula la emoción y la memoria, y la amígdala, que participa en el miedo y la agresión, tendían a ser más pequeños en los consumidores de cannabis que en los controles con un volumen reducido en una media del 12 por ciento en el hipocampo y del 7,1 por ciento de la amígdala.

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