Psicología Para Estudiantes

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La carrera profesional de psicólogo

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1. El concepto de profesión

Como hemos observado se usa el vocablo sin precisión suficiente. Muchas veces los autores lo invocan sin aclarar sus límites. La misma ley reglamentaria de los artículos 4º y 5º de nuestra Constitución, más bien implica que define el concepto. Me permito ofrecer algunos criterios que pueden servir para perfilar una profesión en el sentido más estricto del término en su vigencia actual.

Una profesión auténtica exige una etapa muy característica y bien delineada de formación y otra de ejercicio. A la primera corresponde la necesidad de crear una carrera profesional y a la segunda de estructurar cuerpos colegiados y actividades específicas que otorgan a quien las ejecuta derechos singulares y le exige deberes especiales.

El primer rasgo muy claro de la actividad profesional es que implica siempre operaciones de tipo intelectual que por así decir iluminan y orientan las demás actividades del profesionista.

En segundo término es necesario advertir que esas operaciones intelectuales son fruto de un sistema de conocimientos jerarquizados y adquiridos previamente.

En tercer lugar la naturaleza de estos conocimientos no es de tipo solamente teórico, sino más bien teórico-práctico, por lo que una verdadera carrera profesional debe estar dotada de cátedras teóricas y de cursos de índole práctica.

El cuarto aspecto es el dominio de una técnica susceptible de ser participada por todos los que han de ejercer la misma profesión. Por esto es necesario que la carrera profesional empleen medios técnicos y una terminología muy propia que economice el esfuerzo y mejor el resultado.

La quinta consideración relativa ya al ejercicio mismo de la profesión supone la idea de servicio social y personal como una de las metas que justifica tanto la preparación como el ejercicio profesional. Una profesión debe brindar un servicio que resuelva o contribuya a resolver un problema personal o una necesidad social.

En sexto término el profesionista debe poder vivir de su profesión. Los honorarios correspondientes a los servicios prestados deben satisfacer al menos las mínimas exigencias de una vida decorosa. La idea de profesión libre o liberal históricamente está ligada al concepto de disposición del tiempo con cierta holgura para meditar y remediar las razones y el conjunto de conocimientos científicos que deben presidir la decisión del profesional cuando aconseja, dirige o determina un tratamiento, un plan o la realización de cualquier empresa.

En séptimo lugar es evidente que la profesión impone al profesionista deberes y responsabilidades tan específicos como el ramo a que se ha consagrado, por lo que no se puede concebir la existencia de una profesión sin la ética profesional correspondiente.

En octavo término los miembros de un cuerpo profesional han aceptado implícita o explícitamente algunas obligaciones sociales que no podrían satisfacer de una manera individual. Por esta razón, sociológicamente hablando, la profesión ha consistido siempre en un grupo más o menos organizado y extendido que hoy todavía denominamos corporación o colegio.

Así debemos entender la preferencia que se ha dado a este término frente a la denominación "Departamento" que alude más bien al aspecto administrativo.


2. La profesión psicológica

Siempre he pensado que no debe crearse una carrera profesional sino existe una nueva necesidad que exija el servicio profesional correspondiente. Este es el criterio supremo que justifica instituir una nueva profesión y por tanto la carrera que debe preparar para ella.

El profesionista debe ser un servidor del hombre cuya responsabilidad se remota a su preparación lejana y se manifiesta en la aplicación de una actividad intelectual organizada socialmente y regida por la ética y por técnicas apropiadas, para tratar de resolver una necesidad humana. Es evidente que el psicólogo no puede existir sin una actividad de tipo intelectual que es el resultado de la Ciencia psicológica adquirida en sus inicios en la carrera universitaria y enriquecida con la experiencia y el ejercicio de la aplicación de su saber a los problemas personales e interpersonales. La Ciencia psicológica que es ya uno de los acontecimientos culturales más importantes de nuestro siglo, y la documentación que la conserva se acerca a las 50.000 publicaciones. Pero cada vez es más claro que la teoría psicológica debe ir acompañada de aplicaciones prácticas y de técnicas especiales. La naturaleza de los estudios psicológicos que es teórico-práctica, y cada día se manifiesta en mayor escala la utilidad de las técnicas y de la terminología apropiadas, hasta llegar a la organización de laboratorios y verdaderos institutos de investigación psicológica.

La índole de los asuntos y problemas psicológicos convierte al verdadero psicólogo en un experto en la resolución y prevención de conflictos interpersonales de tal manera que el ejercicio de la profesión psicológica necesariamente debe brindar un servicio social. Pero si esto no fuera suficiente existe además dentro de la esfera de la Psicología Aplicada una rama cada día más importante cuyo contenido es precisamente la Psicología Social.

Cada día se abre el mercado de trabajo en campos que antes eran insospechados para el psicólogo profesional. Los honorarios que hoy corresponde justamente a esta profesión no dejan nada que desear respecto de las otras carreras tradicionales y que atraviesan hoy una crisis demasiado ostentosa para merecer comentarios.

Es claro que esta profesión nueva exige una ética profesional que cada día debe esclarecerse y precisarse. La especificación de esta moral está relacionada con situaciones humanas características de ella, como por ejemplo el caso del secreto profesional a la luz de una entrevista o de un consejo psicológico, en el caso del tratamiento psiquicoclínico, en el psicoanálisis de diversos tipos y en la psicoterapia individual o colectiva.

Los psicólogos profesionales deberán unirse para formar el cuerpo colegiado capaz de defender sus derechos y mantener en todo instante el decoro y prestigio mediante exigencias académicas y aplicaciones jurídicas y morales así como estímulos y recompensas para sus miembros.


3. La profesión de psicólogo en México

Actualmente en nuestra Ley de Profesiones (Reglamentaria de los artículos 4º y 5º Constitucionales) no menciona la profesión de psicólogo en la lista incluida en el artículo segundo. Pero esta flagrante omisión no significa prohibición alguna y la misma ley abre el camino para la situación jurídica de la nueva carrera puesto que en primer término no limita sino que enumera; pero además entre las atribuciones asignadas a las Comisiones Técnicas como órganos de consulta de la Dirección General de Profesionales se menciona expresamente el dictaminar sobre las nuevas profesiones respecto de las que conviene que la ley exija título para su ejercicio. Existe también la siguiente disposición vigente: "Igualmente, se exigirá título para ejercer las profesiones que se consideren dentro de los planes de estudio de las escuelas superiores, técnicas o universitaria, oficiales o oficialmente reconocidas como carreras completas. Estas profesiones serán determinadas por las leyes que expidan la autoridades competentes con relación a los planes de estudio de dichas escuelas".

Ahora bien, a partir 9 de abril del año de 1960 el H. Consejo Universitario ratificó el nuevo plan de estudios aprobado desde el año 1959 por el H. Consejo Técnico de la Facultad de Filosofía y Letras que creó el nivel profesional de la carrera de psicología, con derecho a recibir título profesional de psicólogo.

Desde el punto de vista jurídico está abierto el camino para la exigencia no solamente social y universitaria de la carrera psicológica sino también la institución de la profesión de Psicólogo, como exige el grado de adelanto de nuestro país.


4. Importancia y necesidad de la psicología

Una nueva carrera debe responder a una nueva necesidad. A esta luz se destaca la importancia actual de la Psicología. Su teorética tan vasta y su campo de aplicación cada vez más extendido constituye, al lado de la Física nuclear, el dominio cultural más importante de nuestro siglo. Así como la Filosofía y la Química caracterizaron el progreso de la centuria pasada, en nuestra era atómica e interplanetaria no podrá dejar de asignarse un lugar privilegiado a la investigación psicológica. Porque en nuestro siglo la relaciones internacionales cada vez son más estrechas y más intensas. La conciencia de nuestra unidad humana dentro del planeta frente a otros mundos posibles llenos de esperanza y peligros pone de relieve, con apremio, la exigencia suprema de la unión. Histórica y sociológicamente hablando existe una notoria diferencia con los tiempos anteriores: los pueblos se encontraban sólo simbólicamente a través de sus representaciones diplomáticas y políticas. Hoy con el prodigio de las nuevas comunicaciones los pueblos se pueden relacionar más directamente, sin el carril obligado de tipo diplomático u oficial. Las relaciones humanas se hacen también mucho más rápidas y el hombre de un pueblo acorta su distancia con el semejante perteneciente a otro pueblo que antaño era remoto o simplemente ignorado.

La Psicología social, en sus aspectos industrial, comercial etc., ha acentuado la importancia de las relaciones informales entre grupos y pueblos al lado de las organizaciones exclusivamente formales de otros tiempos. Si el dinamismo interpersonal de un grupo o de varios grupos se perturba, nace seguramente la incomprensión, la discordia o la neurosis. Es preciso que un profesional se encargue de expresar científicamente el modo de relacionarse que tenemos los humanos. Es menester, como ha dicho un eminente psiquiatra contemporáneo, pasar de la oscuridad del arte a la luminosidad de la ciencia. Es decir, que además del arte de la entrevista y de la conversación, de los consejos y del lenguaje, debe haber principios que expliquen con carácter predictivo la conducta de la relaciones interpersonales tan diversas como valiosas. La vida contemporánea depende de la armonía en estas multiformes y polifacética inter-relaciones: del niño con miembros de su familia, con sus educandos, con sus compañeros de juego; el joven con su equipo deportivo o académico, de las relaciones entre los sexos, del contacto entre personas de las edades más distintas; del sujeto ciudadano con sus conciudadanos y gobernantes; de la constitución de la opinión pública con sus infinitas oscilaciones y con la fuerza de sugestión que ejerce en la propaganda de las ideas y en la vida universitaria, comercial y política. Deben considerarse igualmente las relaciones intergremiales y obrero-patronales no sólo en su aspecto económico sino humano; el problema de las vocaciones y orientaciones ocupacionales, de adaptación a las nuevas situaciones y el muy considerable desgaste de energías que supone este complejo nudo de interacciones sociales. Por todas estas reflexiones no es de extrañar que la Psicología haya merecido llamarse "la más humana de las ciencias" y ocupé hoy un destacado y central sitio en el cuadro de nuestras disciplinas culturales y en la lista de las nuevas e indispensables profesiones contemporáneas.

Entre las instancias que se han promovido para el reconocimiento de la carrera profesional psicológica debe mencionarse la solicitud que con fecha 28 de noviembre de 1954 presentó ante las H. Comisiones de Puntos Constitucionales, Estudios Legislativos y Educación Pública de la Cámara de Senadores de nuestra República, una comisión coordinada de pasantes, estudiantes de la carrera y psicólogo egresados de la Facultad de Filosofía y Letras entre los que figuraron las señoritas Ofelia Jarquín, Adriana Cossio, Elizabeth García de León, Matilde Lemberger, Matilde Fahar, Josefina Guridi, la Sra. Luz Llopiz de Peinado y los señores Prof. José Peinado, y estudiantes Agustín Servín, Aarón Shore y Raymundo Macías. La petición consistió fundamentalmente en que se incluyera al Psicólogo entre los profesionistas "que requieren la expedición y reconocimiento de un título para el ejercicio de su profesión".

Se fundaba en los artículos IV y V Constitucionales, de 4º y 8º de la Ley Reglamentaria de Profesiones, y artículos Primero de la Ley Orgánica de la UNAM y y Primero y Tercero de su Estatuto.

Entre los principales servicios profesionales allí considerados se mencionaron: Psicopedagogía, Orientación Profesional, Rehabilitación y Reeducación, Higiene Mental y Salud Pública, Psicología Industrial, Psicología del Ejército, la Marina y Aviación, Psicología Experimental, Biomecánica (en conexión con el físico para determinar las cualidades de las máquinas desde el punto de vista del manejo humano), la Psicología Forense, la Psicología Social, la Psicología Comparada, la Psicología Clínica y la Psicoterapia.


5. Ética profesional del psicólogo

Entre las principales exigencias de toda profesión debe señalarse el cumplimiento de las normas éticas aplicables a la situación humana propia del profesionista. Es un problema de ética especial y aplicada, porque no se refiere al conjunto de deberes morales que rigen a todo ser humano, sino precisamente a las obligaciones contraídas por el solo hecho de haber abrasado determinada profesión. Tan esencial e indispensable es para el profesionista dar cumplimiento a estas exigencias, que su abandono produciría ineludiblemente la ruina de su profesión.

La profesión psicológica merece el mayor respeto y justo prestigio por la índole misma de los asuntos directamente humanos que tiene encomendados. El ejemplo personal es incuestionablemente la mejor garantía de ese prestigio. Tanta mayor estimación tendrá el pueblo hacia la profesión psicológica cuanto más puntualmente se realicen en cada profesionista psicológico los ideales éticos que requiere la estructura misma de su vocación.

En dos capítulos principales podría examinarse la responsabilidad moral del psicólogo; el primero consagrado a la etapa de formación y el segundo a la época del ejercicio de su carrera.

La ética profesional inician sus exigencias y requerimientos en los años escolares, particularmente en la etapa de los estudios que constituyen la Carrera Universitaria. El psicólogo tiene que ser un experto. Esta calidad implica una amplísima cultura general y además una especialidad en la que el dominio de la técnica respectiva se sobrepone la prudente visión del que sabe muy bien su teoría y posee una valiosa experiencia práctica. El buen estudiante ha empezado a dar cumplimiento a la exigencia ética primordial del futuro profesionista. El mal estudiante ha iniciado el fraude a la sociedad que significa el conjunto de errores y fracasos que espera el falso experto, al guía ciego y al pésimo consejero que se atreva a enmascararse con la noble denominación de profesionista, maestro o doctor en la rama respectiva. Las instituciones culturales, como nuestra Casa de Estudios, deben estar organizadas de tal manera que por el bien del pueblo, haga imposible el acceso a los títulos profesionales a los grados académicos a quienes con la mediocridad manifiesta de sus trabajos y exámenes escolares no brinden a la sociedad la garantía de una sólida preparación intelectual y moral.

Por lo que toca al ejercicio de la profesión, conviene declarar con toda franqueza que su servicio social exige una constante renovación del saber adquirido en la preparación remota. El título o el grado académico no significan necesariamente que sus titulares están listos para resolver cualquier problema específico dentro de la carrera. Constituyen más bien una expresión del conjunto de esfuerzos para haber reunido las armas o instrumentos para emplearlos en el instante y en el modo más adecuado a cada situación humana. La ética profesional resulta entonces una verdadera casuística, en la que el “ojo clínico” profesional, la prudencia del consejo del hombre experimentado y el dominio de la técnica se conjugan para ofrecer una solución clara, sabia, oportuna y práctica.

La Ética Profesional es una rama de la Ciencia Filosófica. Por esta razón en nuestro Plan de Estudios vigente se considera parte indispensable dentro del programa de la asignatura que se denomina: “Filosofía de las Ciencias Filosóficas y Ética Profesional del Psicólogo”. Por ningún motivo debe considerarse entre las materias optativas. Pero es claro que el solo estudio de los principios morales no es suficiente para lograr su realización. Estos requerimientos se enderezan siempre a la voluntad del universitario quien como buen psicólogo más que ningún otro debe comprender que la forja de los hábitos bondadosos que generalmente se llaman virtudes morales solamente puede lograrse por el camino del sacrificio personal, en un plano evidentemente se encuentra mucho más allá del principio del placer. Esta es la nueva vía psicológica y psicoterápica que toma en cuenta no sólo la dinamia psicobiológica sensorio-afectiva sino también la energía espiritual intelecto-volitiva abierta al mundo de los valores de la cultura.

Este último aspecto señala la inmensa distancia que existe entre las leyes científico-naturales y las leyes de carácter normativo. La psicología como Ciencia no puede prescindir del primero de estos aspectos, porque dejaría de ser ciencia; pero en tanto que la psicología se torna en arte de orientación de las relaciones interhumanas, tiene que considerar con especial cuidado la vigencia de los principios éticos que se manifiestan como sindéresis en la intimidad de todo sujeto humano.

En la imposibilidad de referirme en tanto corto espacio a los últimos aspectos ejemplares de la ética profesional, solamente cabe ilustrar el tema con una alusión muy somera al grave problema del secreto profesional.

Está basado este deber en la virtud de la veracidad que pertenece a la esfera de la justicia como aquella constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo que le pertenece. El vicio contrario es la insinceridad que se expresa en actitudes como la mentira, la falsedad, y la hipocresía. El lenguaje, natural vehículo de comunicación interhumana que corresponde a la sociabilidad intrínseca del hombre, debe ser fluido y transparente. La mentira no es solo intrínsecamente mala sino también uno de los principios más fecundos de perturbación intercomunicativa. Callar no es mentir. Los moralistas resuelven a través de restricciones mentales muchos aparentes conflictos de la vida cotidiana. Pero hay ocasiones en que callar determinados aspectos de nuestro saber es absolutamente obligatorio y necesario.

Existen tres grados muy conocidos del secreto moral: la discreción natural, el secreto confiado o prometido y el secreto profesional. La primera obliga a todo hombre cuando sabe que revelar el contenido de algo que ha llegado a su conocimiento de manera casual podría causar grave daño a sus semejantes. La discreción no supone ningún convenio previo. Su gravedad depende del efecto que pueda producir el descubrimiento al público de lo que la prudencia aconseja guardar.

El secreto prometido o confiado supone de hecho un convenio y una condición. La condición ha sido prometer el secreto para recibir una información que causaría daño si fuera revelada a los demás; la promesa consiste en obligarse a la fidelidad a la palabra empeñada.

Por último el secreto profesional puede ser el mismo secreto confiado pero en situación de experto a quien se consulta precisamente por esta calidad de profesionista. La obligatoriedad de guardar este secreto surge de la misma situación aunque no se haya confiado o prometido expresamente.

La revelación de secretos constituye además un delito que ha sido sancionado de manera muy dispareja por las diferentes legislaciones. El título noveno de nuestro Código Penal Mexicano para el Distrito y Territorios Federales (1962)en materia de fuero común, tipifica el delito en dos artículos, el último de los cuales está consagrado expresamente a la revelación indebida del secreto profesional. Textualmente dice:

Artículo 210.- Se aplicará multa de cinco a cincuenta pesos o prisión de dos meses a un año al que sin justa causa, con perjuicio de alguien y sin consentimiento del que pueda resultar perjudicado, revele algún secreto o comunicación reservada que conoce o ha recibido con motivo de su empleo, cargo o puesto.”

Artículo 211.- La sanción será de uno a cinco años, multa de cincuenta a quinientos pesos y suspensión de profesión en su caso, de dos meses a un año, cuando la revelación punible sea hecha por persona que presta servicios profesionales o técnicos o por funcionarios o empleados públicos o cuando el secreto revelado o publicado sea de carácter industrial.”

Entre los rasgos característicos de la figura ética del secreto profesional deben señalarse los siguientes: que se trate en verdad de una profesión o de una situación similar a ella; que el contenido de la información sea en verdad, secreto hasta la fecha en que se haya dado a conocer al profesionista; que los datos confidenciales sean obtenidos en virtud del ejercicio de la profesión y no por situaciones meramente accidentales que exigirían la mera discreción natural; que el dominio de la especialidad sea la causa de poder alcanzar el con conocimiento oculto; que el contenido de la información sea suficientemente serio para ameritar considerarse como secreto.

Pero independientemente de los requisitos mencionados, en la vida práctica se plantean numerosos conflictos reales o aparentes que debe discernir experto con perspicacia adecuada a cada caso concreto. Una modalidad muy particular del campo psicológico relativa al secreto profesional es la grave cuestión de la licitud de revelar el secreto recibido por un profesionista que no es psicólogo en una situación de entrevista psicológica o en situación terapéutica o psicoanalítica ya sea individual o colectiva. La casuística moral debe resolver los límites de la expresión libre de un abogado que se psicoanaliza de manera individual o dentro de la terapia de grupo. A su vez el psicoanalista puede estar sometido a un tratamiento psicoanalítico y deberá preguntarse a qué grado le es lícito mencionar datos que hayan llegado hasta él por la vía mencionada, en la hipótesis aceptada de que el experto a su vez se encuentra bajo la estricta obligación del secreto profesional.

Hay sin duda muchos casos en que es obligatorio revelar un secreto, para no dañar a un inocente o para ayudar a un menesteroso de orientación en asuntos vitales. El primer caso ocurre con frecuencia en el ambiente de los testimonios judiciales y el segundo tratándose de menores de edad por quienes tienen la patria potestad, la tutela o, en definitiva, la responsabilidad moral de su educación. Sin embargo, hay muchos debates en torno a la solución más justa en cada caso.

La resolución a estas cuestiones suele estar conectada con el problema ético conocido con el nombre de "acción de doble efecto", uno moralmente bueno y otro de resultados perjudiciales. Los autores de ética han propuesto muy precisas soluciones prácticas que no es el caso menciona en estos apuntes.

Pero lo importante es que el estudiante de la Carrera de Psicología tenga en cuenta que es indispensable encararse a estas cuestiones pertenecientes a la esfera de esa Ciencia filosófica de singular interés que se denomina la "Ética Profesional del Psicólogo". Por supuesto que su mejor aval consiste en la buena intención del experto psicólogo, cristalizada en una actitud ejemplar y prudente de quien habiendo cumplido con el requisito de una sólida preparación universitaria ha forjado con su conducta recta y actitudes humanistas el justo título de profesionista en el complejo mundo de las relaciones interpersonales y de los profundos e íntimos afanes humanos, fecundos en realizaciones maduras pero también en conflictos internos productores de normales o anormales desenlaces.

 

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