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La ética en el ejercicio profesional

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Resulta claro que el psicólogo, amén de conocer los campos en los que aplicará su bagaje de conocimientos teóricos, debe estar consciente de sus recursos y limitaciones; de los principios de ética que gobiernan el ejercicio de su profesión, así como de la necesidad de una continua capacitación que su joven ciencia le demanda.

De aquí se desprende la necesidad de plantearse una serie de cuestionamientos éticos y filosóficos, pues de la actitud que asuma el psicólogo frente a su responsabilidad social dependerá su eficiencia profesional y realización personal.

Entre estos cuestionamientos se hace mención a los siguientes:

  1. ¿Cuál es mi concepción del hombre?
  2. ¿Cuál es mi concepción del mundo?
  3. ¿Cuál es mi concepción de la sociedad?
  4. ¿Cuáles son mis principios y mi jerarquía de valores?

Estas preguntas se plantean para que el psicólogo tome conciencia de una serie de premisas, ideas, prejuicios, opiniones y actitudes que posee y que el conocerlas le permitirá actuar de manera más honesta, auténtica y congruente. Se considera también que independientemente del campo de aplicación al que se dedique, debe contar con la capacidad para establecer relaciones afectivas profundas que promuevan el desarrollo individual y social (Harrsch, 1979). A este respecto, es importante que se haga las siguientes consideraciones en su proceso de relación interpersonal (siguiendo las tres dimensiones que señala Berman y Lief, 1975).

  1. Poder: ¿puedo compartir con el otro?, ¿prefiero tener el control de la relación?.
  2. Intimidad: ¿qué tan cerca de la persona puedo trabajar?, ¿cuál es la distancia afectiva en donde me siento a gusto?.
  3. Inclusión y exclusión: ¿quién o quiénes más pueden o quieren participar en esta relación?, ¿puedo o quiero participar en esta relación?.
    Y en otras dimensiones que señala Lartigue (1980).
  4. ¿Qué tan capaz soy de soltar, de no retener, de permitir que el otro siga su propio camino?
  5. ¿Qué tanto dolor, angustia, alegría y gozo puedo tolerar y acompañar?
  6. ¿Qué tanto conozco y acepto mi patología?, ¿cuáles son mis limitaciones y áreas de conflicto?
  7. ¿Qué recursos tengo disponibles?, ¿en qué etapa de mi desarrollo estoy?
  8. ¿Cómo influye mi estilo de intervención y de liderazgo en las respuestas de otros?

Biro (1979) señala que cuando el psicólogo no tolera sus afectos los maneja mediante identificaciones proyectivas en sus clientes, dando lugar a un manejo sádico de la profesión, por lo que debe preguntarse qué tan satisfechas están sus necesidades básicas, ya que en el ejercicio de su profesión corre el peligro de usar al otro para cubrir, tapar y/o negar sus carencias internas. Debe preguntarse también con qué sentido de honestidad, conciencia y responsabilidad maneja el poder que le da la información que posee de sus clientes, en tanto que es una herramienta con la que se puede destruir o construir. Buscar las respuestas es una responsabilidad del profesional de la psicología.

Varios autores han cuestionado el tema de los valores éticos de ejercicio profesional del psicólogo.

Rodríguez (1979) señala que todo quehacer está influido por la filosofía particular con respecto a la naturaleza del hombre y la postura que se adopta frente al mismo depende, en gran medida, del modo de ver y valorar las cosas, de la posición ideológica y el modelo conceptual con el que se identifique. Si se considera que en las ciencias del hombre el objeto de estudio es el hombre mismo, la preocupación se hace aún más relevante, ya que trabajar con personas, independientemente del método que se utilice, sin contar con una clara jerarquía de valores sólo conduce al caos y a la contradicción interna en virtud de que un método concreto puede ser aplicado en diversos contextos para distintos fines con muy diferentes actitudes (Biro, 1979).

Lafarga (1979) señala que los psicólogos, en cualquier sociedad, por la naturaleza misma de la profesión, son "modelos de rol"; son modeladores de conductas, no tanto por lo que dicen y pretenden hacer, sino por lo que realmente hacen y son, como hombres y como profesionales. Su comportamiento ejerce una profunda influencia en todas sus actividades, que puede ser benéfica o nociva dependiendo del grado de congruencia que exista entre los valores explícitos en su práctica y las motivaciones que orientan su comportamiento como profesional y como persona. Su eficacia en el ejercicio profesional depende tanto de la calidad científica y técnica, como de la correspondencia entre los valores y motivaciones que rigen su actividad.

Se entiende aquí como valor la definición que da Lafarga (1979, p. 370): "cualquier tipo de motivación o reforzador consciente que en alguna forma mueve a actuar a la persona para satisfacer necesidades de tipo individual o de tipo social. Los motivadores internos o los reforzadores externos que son conscientes, aunque de hecho mueven la conducta, no son valores en cuanto que no son conscientemente percibidos como motores del comportamiento".

Bonner (1970, citado en Rodríguez, 1979) da la siguiente definición: "los valores son al mismo tiempo preferencias o actitudes personales y normas o imperativos culturales. Como preferencias personales o actitudes se encuentran profundamente enraizadas en las necesidades del individuo. Como imperativos culturales se refieren a las presiones y normas, que hacen que la vida diaria del hombre sea eficiente y satisfactoria, si han sido adecuadamente asimiladas e internalizadas.

Lafarga plantea que el problema está en que los valores de un individuo o de una sociedad, que son el sustrato o fundamento de las normas, las leyes y los significados, no siempre ni necesariamente coinciden con la motivación que determina la conducta de ese individuo o de esa sociedad. De aquí se desprende el cuestionamiento sobre la jerarquía de valores, sociales y profesionales, que debe tener el psicólogo. Nieto (1979) se pregunta si tales valores deben derivarse de los valores de la clase dominante en la economía o en la política; o si, por el contrario, se deben adoptar los valores de los grupos sociales mayoritarios del país así como los universales, propios del género humano. Como en México no existe ningún organismo que rija y sancione la actividad profesional del psicólogo éste, como señala Rodríguez (1979), se ve obligado a ejercer su criterio de acuerdo con un código ético personal, lo que por desgracia ha dado lugar a charlatanería y abuso del status profesional. En consecuencia, es necesario que el psicólogo mexicano cuente con un sistema de valores claro u explícito no sólo personal sino también como profesional. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los esquemas de valores representan lo más íntimo y particular de cada individuo, como son sus creencias y la manera de sentir y percibir sus experiencias y las de otros seres humanos.

Cuales serían, entonces, los lineamientos a seguir para concienciar al psicólogo en formación sobre la importancia que tiene una orientación ética en el ejercicio de la profesión, ya sea en el campo clínico, educativo, industrial o en la investigación científica. Estos lineamientos se pueden establecer de dos maneras: por un lado a través del autoconocimiento que no puede limitarse al descubrimiento profesional del fenómeno de la identificación del observador con lo observado, sino que significa darse cuenta de que los valores de una persona provienen de las etapas tempranas del desarrollo, al igual que los del profesional que se adquieren en las experiencias de aprendizaje durante los años formativos, en sus primeras vinculaciones con el campo de la psicología; y en ellas se basa la formación posterior de la identidad profesional.

Por otro lado, en el contexto social, se debe generar conciencia sobre el uso del conocimiento para ejercer poderío; del uso de los avances de la psicología para someter a los individuos a un régimen político determinado. Es indudable que el psicólogo tiene un deber, un compromiso y una responsabilidad con la sociedad, más no debe utilizar su tecnología para fines de dominio, sometimiento o narcisismo profesional.

El psicólogo puede dejarse dominar por juicios morales y sociales que lo conviertan de un profesional que estudia las motivaciones de la conducta, en uno que pretenda producir conductas a su imagen y semejanza.

En la medida en que el psicólogo logre un mayor autoconocimiento podrá observar mejor la realidad externa y podrá juzgar con un principio de realidad más preciso las justicias o injusticias sociales.

La psicología debe estar al servicio y no al uso de la comunidad humana; esto demanda del psicólogo una actitud de honestidad y respeto consigo mismo y con los demás.

Para plantear la posibilidad de disponer de un código mexicano que norme la ética profesional del psicólogo, y que sirva de base a un organismo que vigile el cumplimiento de dichas normas, se hace referencia a tres trabajos de autores mexicanos que se han abocado a clarificar el problema.

Herrera y Lichtszajn (1979) toman el modelo existente sobre "Normas éticas de los psicólogos", publicadas por la American Psychological Association en 1967, con el fin de discutir algunos casos concretos de supuestas violaciones a dicho modelo, que comprende 19 áreas, de las que se presenta un breve resumen:

  1. Responsabilidad. Incurre en ella el psicólogo que trata de modificar el comportamiento de un cliente, de una manera distinta de lo que piensa y desea.
  2. Competencia. No seguir estudiando, no actualizarse, particularmente respecto a tendencias psicológicas a las cuales no se les tiene simpatía.
  3. Normas morales y legales. El psicólogo que prescribe, o expresa opinión en contra o abiertamente en pro de alguna norma sostenida por un credo religioso, de una ley civil o penal.
  4. Tergiversación de la información sobre sí mismo. Los psicólogos que anotan en su vitae vitae: "Doctor", sin haber obtenido el grado. Profesores o instituciones universitarias que otorgan grado a alumnos que padecen obvios trastornos psicológicos.
  5. Declaraciones públicas. Expresar actitudes y opiniones destructivas ante corrientes que se consideran antagónicas a la propia.
  6. Confidencialidad. Psicólogos y catedráticos que presenten casos en el salón de clases, sin cuidar la identidad ni el respeto por el cliente. En reuniones sociales, el psicólogo que habla sobre sus clientes.
  7. Intereses de clientes. Un psicólogo de trabajo sabe por el propio candidato, algo que puede impedirle el ingreso a una organización, y lo informa porque tiene instrucciones del "patrón" de comunicarle toda clase de información.
  8. Relaciones con clientes. Un psicólogo mantiene una relación con sus clientes en tratamiento, fuera del consultorio.
  9. Servicios impersonales. Un psicólogo contesta cartas en periódicos, de gentes que le consultan sus problemas.
  10. Publicidad sobre servicios. Un psicólogo se anuncia en el periódico, listando todo lo que "cura".
  11. Relaciones interpersonales. Un psicólogo acepta tratar a una persona que actualmente está en tratamiento con otro colega, sin comunicarse con él. Un psicólogo habla al paciente sobre la calidad del trabajo de otros colegas, en términos derogatorios y de calumnia.
  12. Honorarios. Un psicólogo sugiere a las personas a quienes ve en una institución en donde presta sus servicios, que lo vean en lo privado, cobrándoles por este servicio.
  13. Protección de los tests. Una empresa que vende tests en forma indiscriminada. El psicólogo hace del conocimiento del público el contenido de los tests psicológicos.
  14. Interpretación de los tests. Un psicólogo hace estudios psicológicos sin conocer ni la confiabilidad, ni la validez de sus instrumentos.
  15. Publicación de los tests. El psicólogo publica una prueba sin especificar su diseño, población a la que va dirigida, limitaciones, etc.
  16. Precaución en la investigación. Los sujetos no son respetados, al grado de abusar de ellos en investigaciones de laboratorio; el uso de drogas, aún con las "debidas precauciones".
  17. Créditos en las publicaciones. Un investigador publica resultados de sus trabajos, sin mencionar a sus colaboradores; publica o cita como propios, datos de otros investigadores.
  18. Responsabilidad hacia la organización. Un catedrático que se ostenta como tal, sin cumplir con la institución para la que trabaja, y hace uso de su cargo para fines personales.
  19. Actividades promocionales. El catedrático asigna y obliga al alumno a comprar el libro del que es autor, con fines de lucro.

Lafarga (1979) considera algunas sugerencias ideales para la formulación de un código ético para el psicólogo mexicano:

  1. El psicólogo mexicano es un científico, un técnico, un profesional de la promoción del comportamiento, pero es ante todo un hombre, una persona, que cree y se desarrolla en un país rico en reservas humanas y en recursos naturales, pero víctima de tensiones e injusticias socioeconómicas que en mayor o menor grado afectan a todos.
  2. Es ante todo un ser humano, genuinamente interesado en su propio desarrollo y en el crecimiento armónico e integral del individuo y de sus grupos.
  3. Valora la honradez y la sinceridad como actividades personales y como método de trabajo.
  4. Es capaz de establecer relaciones interpersonales cálidas y profundas, y de contraer compromisos estables.
  5. Está suficientemente preparado como científico y como técnico y valora la actualización constante; trabaja con seriedad sobre hipótesis corroborables por la práctica y la experimentación.
  6. Mantiene una actitud abierta a todas las corrientes.
  7. Es científico por el cuidado de sus observaciones y registros, por la claridad en la formulación de hipótesis explicativas y por la metodología rigurosa para poner las hipótesis a prueba y no derivar conclusiones que generalicen más allá de lo que permitan los fenómenos observados.
  8. Valora la confidencialidad y el respeto por la información personal recibida de su clientela.
  9. No hace del lucro exagerado un objetivo profesional.
  10. Está abierto al cambio social y está consciente de que él es un factor de este cambio; pugna en su trabajo por una sociedad con estructura más justas y equitativas, menos marginadoras y discriminatorias.

Lafarga concluye, que si bien no se puede legislar sobre responsabilidad, ni sobre congruencia, en virtud de que son un producto de los procesos educativos más que de la instrumentación de un código ético, la exigencia de éste puede servir de guía educativa y de protección al ejercicio de la práctica profesional.


En 1964 el Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana publicó un folleto con las "Normas éticas para el psicólogo" que se transcribe a continuación tal como fue publicado.

Preámbulo.

Estos principios se derivan de la ley natural. Sirven de normas para la solución de problemas que se presentan en las relaciones del psicólogo con sus clientes, con otros psicólogos y con el público en general. El psicólogo debe recordar que, anteriormente a su calidad de psicólogo -científico y profesional- es hombre y como hombre está sujeto a la ley natural.

Capítulo I: Principios generales.

Art. 1º. La función del psicólogo. El objeto primero del psicólogo es prestar servicios a la humanidad. Las ganancias monetarias se subordinan enteramente al fin primario. El que escoge esta profesión asume la obligación de regir su conducta de acuerdo con estos ideales. El psicólogo debe ser un hombre honrado, perito en su ciencia y experto en el arte de aplicarla a los demás hombres, y debe tener delante de los ojos que maneja el aspecto más delicado de la vida del hombre: su aspecto mental. Cualquier error o equivocación que se cometa en este campo tiene repercusiones incalculables en la vida de los clientes.

Art. 2º. La responsabilidad del psicólogo. El objeto de la profesión de psicólogo es el bien de los seres humanos. El psicólogo dedica su vida a la solución de los problemas de sus semejantes para lograr su buena adaptación y salud mental. Debe compartir lo que aprende y lo que descubre con sus colegas de todas partes del mundo. No debe contentarse solamente con limitar sus actividades a la solución de los problemas que se le presentan, sino que es necesario dedique su ingenio y su experiencia a la prevención de estos problemas.

Art. 3º. Obligaciones de los grupos. Las normas éticas señaladas aquí se refieren tanto al individuo como a los grupos a no ser en los casos en que se indique otra cosa.

Art. 4º. Remuneración por servicios profesionales. Los honorarios deben limitarse a las actividades prestadas al cliente, y deben hacerse en la forma y en la cantidad que se le anuncia específicamente. Es poco ético el referir a los clientes a otros psicólogos para dividir la paga entre los dos. Así se provoca la desconfianza de los clientes con respecto a la profesión.

Capítulo II. Deberes de los psicólogos en sus clientes.

Art. 5º. Principios básicos respecto al hombre. Cualquier hombre debe ser considerado como normal mientras no se pruebe lo contrario. El hombre normal no sólo posee libertad teórica sino que tiene realmente uso de la misma. Las disposiciones psicológicas anormales no son siempre insuperables, ni impiden al sujeto toda posibilidad de obrar libremente. Incluso los dinamismos del inconsciente y del subconsciente no son irresistibles al grado de que el sujeto normal no pueda dominarlos.

Art. 6º. Deberes del psicólogo con sus clientes.
Párrafo 1. Ciencia. El primer deber del psicólogo con el público es el estar en posesión de la ciencia necesaria dentro de su campo para resolver los problemas que se le presentan. Esto implica que no debe admitir problemas que trascienden su preparación. El psicólogo clínico no debe practicar psicoterapia si no tiene la preparación para ello. El psicólogo industrial no debe usar técnicas proyectivas en las cuales carece de experiencia, etc. Obrar de otra suerte es engañar al cliente y exponerse a acarrearle grandes daños. Cada psicólogo, cualquiera que sea su especialidad debe seguir informado del progreso en todas las áreas de ésta, tomándolo en consideración en su trabajo y tratando de contribuir al progreso por medio de sus propios esfuerzos. Por tanto, debe aceptar las reglas y requisitos del método científico.
Párrafo 2. Respeto. Poseyendo la persona humana una dignidad incomparable, el psicólogo debe respetarla. La dignidad del ser humano 1) prohíbe usar técnicas que la atropellen, aunque pudieran contribuir al progreso de la ciencia, 2) obliga respecto de las entrevistas y aplicación de pruebas sobre todo proyectivas: a) a obtener sin engaño o violencia el consentimiento del cliente o el de aquellos que pueden darlo en su lugar; b) a no buscar mayor conocimiento que el que sea necesario.
Párrafo 3. Secreto profesional. Como todo profesionista, el psicólogo tiene, en su trabajo profesional, la oportunidad de conocer secretos que se refieren al individuo o a grupos, y está sujeto a las reglas del secreto profesional.

  1. La materia del secreto profesional. Es toda información que reúna las siguientes condiciones: a) debe ser verdaderamente oculta; b) debe ser válida. Es decir que no haya obligación de divulgarla; c) debe ser recibida no sólo por un miembro de la profesión psicológica sino debe haber sido comunicada a esta persona en su “capacidad profesional”; d) toda información oculta acerca de un paciente obtenida por el psicólogo en el ejercicio de su profesión cae bajo el secreto profesional; e) el psicólogo está obligado a tomas las precauciones necesarias para facilitar la guarda de los secretos. Por tanto, debe procurar el aislamiento de sus entrevistas con los clientes, asegurarse de la reserva en la conservación de expedientes y documentos y asegurarse de la honorabilidad de los compañeros de trabajo que deben necesariamente participar en la información secreta; f) nótese que el secreto profesional se viola no solamente por palabras sino también por gestos, sonrisas, encogimiento de hombros, etc.

    Párrafo 4. En ciertos casos el psicólogo examina clientes enviados por una escuela o corporación, u actúa como agente de la corporación o escuela. Por tanto, hay un convenio implícito con el cliente de que el reporte se le debe enviar a la corporación o escuela. Sin embargo, si el psicólogo llega a conclusiones de que debe rechazarse al solicitante, indique las causas en la forma más general posible en vez de enviar un reporte que pueda desacreditar seriamente a los clientes.

  2. El poseedor del secreto. El cliente es el único poseedor de sus secretos. En caso de niños o enfermos mentales incapacitados, sus padres, o en ausencia de éstos, los tutores son los poseedores de la información confidencial.
  3. El deber de guardar el secreto es de justicia conmutativa, y se extiende a todo el personal que trabaja en una clínica, incluso las secretarias que tienen acceso a los expedientes. El jefe de la clínica debe en este caso recordar esta obligación personal a todos los miembros de la misma.
Párrafo 5. Uso de las pruebas psicológicas, a) no deben administrarse a familiares y amigos; b) deben administrarse en las condiciones de lugar y de tiempo que indiquen los manuales respectivos; c) el buen éxito en el uso de las pruebas mentales depende del conocimiento de las normas en que descansen y de su validez y confiabilidad; d) los resultados de las pruebas mentales son estrictamente confidenciales, es decir, deben comunicarse a los sujetos o a sus padres o tutores. Se exceptúa el caso de trabajo en equipo, cuando los resultados pueden discutirse entre los miembros del equipo; e) los resultados de las pruebas mentales nunca se comunican escuetamente, sino interpretados constructivamente al alcance del cliente o de sus familiares; f) las pruebas mentales no deben comunicarse sino a personas que demuestren tener el conocimiento y la habilidad necesarios para su uso eficaz e interpretación correcta. Por tanto, deben comunicarse de ordinario únicamente a los psicólogos.

 

Capítulo III. Deberes de los psicólogos con la profesión.

Art. 7º. El psicólogo debe defender la dignidad y el honor de su profesión.

Art. 8º. El psicólogo debe salvaguardar la profesión en contra de los que presentan características morales deficientes o educación inadecuada.

Art. 9º. El psicólogo debe también exponer públicamente, sin miedo, la conducta corrompida o incompetente de otros miembros de la profesión.

Capítulo IV. Deberes de los psicólogos con los colegas.

Art. 10º. Como regla general, el psicólogo no debe atender profesionalmente a los miembros de su familia. Es necesario que dependa de sus colegas para estos servicios.

Art. 11º. El psicólogo no debe aceptar condiciones de trabajo que afecten su independencia profesional. Es decir, las que impiden aplicar los principios éticos descritos en estas normas.

Art. 12º. El psicólogo debe estar dispuesto a ayudar a sus colegas en la profesión.


En 1981 se publicó en American Psychology (vol. 36, num. 6, p. 633-638) la versión de los “Principios éticos del psicólogo”; dicha versión que a continuación se comenta (traducida y sintetizada por Ma. Isabel Rodríguez, L.) es el resultado de una revisión de los “Estándares éticos de los psicólogos” de 1979.

Preámbulo.

El psicólogo respeta la dignidad y el valor del individuo y lucha por la preservación de los derechos humanos fundamentales. Se compromete a incrementar el conocimiento de la conducta humana, y a emplear tal conocimiento en pro del bienestar social promoviendo en las personas la comprensión de sí misma y de los demás.

Por lo mismo, en el desempeño de sus labores se esfuerza por proteger a la persona que solicita su ayuda y/o participa como sujeto de estudio; con objeto de cumplir dichos propósitos exige libertad de comunicación y cuestionamiento y acepta la responsabilidad que esto conlleva: la de ser competente y objetivo en la aplicación de sus habilidades y el velar por los intereses de todo aquel que se relacione con su trabajo, asegurándose además que sus colegas se suscriban a los mismo ideales y valores.

Los principios con los que se compromete comprenden básicamente diez áreas:

Principio 1. Responsabilidad.

Al brindar sus servicios el psicólogo aplica los conocimientos más precisos de su profesión y se responsabiliza de las consecuencias de sus actos, asegurándose que se haga uso apropiado de sus servicios.

  1. Como científico acepta la responsabilidad de elegir la temática de investigación, de emplear la metodología más adecuada y analizar sus datos con la mayor honestidad considerando hipótesis antagónicas y explicando sus resultados dentro del contexto de las limitaciones del trabajo de investigación. Únicamente asume el crédito por el trabajo que efectivamente realizó.
  2. El psicólogo evita los conflictos entre intereses distintos y minimiza las posibles interferencias en el medio en que obtiene sus datos.
  3. Previene y no permite que se haga uso inadecuado de su trabajo.
  4. Como profesor el psicólogo reconoce su obligación de enseñar a otros trasmitiendo información objetiva, precisa y completa.
  5. En el ejercicio profesional está consciente de su responsabilidad social, reconoce la influencia de su posición y evita dejarse manejar por presiones.

Principio 2. Competencia profesional.

El psicólogo delimita su campo de intervención y reconoce el alcance de sus técnicas por lo que limita sus servicios empleando únicamente aquéllas en las que está capacitado. En las áreas donde no se cuenta con normas establecidas toma las precauciones necesarias para proteger a sus clientes. Se mantiene actualizado en los conocimientos científicos y profesionales.

  1. El psicólogo ostenta únicamente los grados académicos acreditados en una institución reconocida.
  2. Reconoce la necesidad de la educación continua y es flexible para aceptar nuevos conocimientos.
  3. Está consciente de las diferencias entre los diversos grupos humanos y se prepara para brindar un servicio pertinente.
  4. Tiene conocimientos sobre problemas de construcción, medición y validación de los instrumentos que emplea.
  5. Sabe que sus problemas personales pueden incidir en su trabajo, y evita comprometerse con actividades en que sus conflictos podrían lastimar a sus clientes o se allega de la adecuada supervisión para decidir el curso de sus intervenciones.

Principio 3. Normas morales y legales.

Las normas morales y éticas que rigen la conducta del psicólogo son de índole personal excepto cuando su comportamiento comprometa el cumplimiento de sus responsabilidades profesionales o vaya en detrimento del prestigio y confianza del público hacia la profesión.

  1. Como maestro es sensible a los valores de sus estudiantes, respeta sus actitudes y está consciente que sus propios valores influyen en el material y la selección de los tópicos que enseña.
  2. El psicólogo no efectúa ni condona prácticas inhumanas que resulten en acciones ilegales o injustificadas al emplear o seleccionar personal. Esto incluye el no actuar con base en prejuicios raciales, de edad, sexo o de otro índole.
  3. En su actividad profesional el psicólogo evita acciones que violen los derechos legales y civiles de sus clientes y pugna por modificar las normas o leyes que lesionen los intereses de la persona.

Principio 4. Declaraciones públicas.

La promoción y difusión son necesarias para que el público pueda formularse juicios informados y elegir el servicio psicológico pertinente; por lo mismo al realizar tales actividades el psicólogo deberá precisar con objetividad su preparación, las funciones que efectúa y su afiliación profesional, al igual que las de aquellas instituciones u organizaciones que incluya en la promoción.

  1. Al anunciar sus servicios el psicólogo puede incluir sus datos personales, grados académicos, aspectos de costo y la información que considere relevante que no se contraponga con algún principio ético.
  2. Las declaraciones públicas pueden hacerse a través de medios masivos de comunicación, libros, revistas, Internet o cualquier otro medio. Al hacer este tipo de difusión el psicólogo está obligado a proporcionar datos unívocos que eviten crear falsas expectativas. La información no debe ser ominosa ni se deben citar clientes individuales.
  3. Los anuncios pagados deben aparecer como tales; se prohíbe dar remuneración anticipada a miembros de cualquier medio de comunicación para hacerse publicidad. Si se emplean medios de comunicación masiva, la promoción debe pregrabarse para que el psicólogo la apruebe antes de su difusión.
  4. El psicólogo que se dedica al desarrollo de material, libros u otros instrumentos de divulgación, cuidará que esto se anuncie en forma científica y profesional.
  5. El psicólogo no participa en anuncios comerciales.
  6. El psicólogo difunde las aportaciones de su ciencia y ofrece sus servicios sin sensacionalismos.
  7. Como maestro o facilitador de grupos se asegura de que los catálogos de talleres y seminarios describan clara y precisamente la naturaleza, objetivos, costos, requisitos de ingreso y acreditación, así como la experiencia y preparación de quien los imparte.
  8. Las solicitudes para los participantes en alguna investigación deben hacer explícitas las obligaciones, los riesgos y las responsabilidades en que incurra quien acepte colaborar.
  9. El psicólogo acepta la obligación de sancionar a quienes contravengan estos principios.
  10. El diagnóstico individual y la psicoterapia se reserva exclusivamente a una relación psicológica profesional. Al dar consejo a través de los medios masivos de comunicación o similares el psicólogo ejerce el más alto juicio profesional.

Principio 5. Confidencialidad.

Es una obligación prioritaria salvaguardar el secreto profesional; por ello se precisa del consentimiento del cliente para revelar a otros información obtenida en el trabajo. Esta obligación no rige cuando está claro que no comunicarla resultaría peligroso para el cliente u otros. Asimismo, se informará a los clientes sobre los límites legales de la confidencialidad.

  1. La información obtenida en una relación clínica o de consulta sólo se discute con propósitos profesionales y se comunica a quienes estén claramente relacionados con el caso. Los informes escritos u orales incluyen datos relacionados con la evaluación evitando invadir la privacidad.
  2. El psicólogo que presenta algún caso en un foro público lo hará con el consentimiento del interesado cuidando que no se pueda identificar a la persona.
  3. El psicólogo está obligado a guardar en lugar seguro sus expedientes.
  4. Al trabajar con menores de edad o personas incapacitadas para otorgar un consentimiento voluntario, el psicólogo es especialmente cuidadoso en la protección de sus derechos e intereses.

Principio 6. Bienestar del consumidor.

El psicólogo respeta la integridad y protege el bienestar de las personas o grupos con quines trabaja. Al surgir conflictos de intereses entre un cliente y una institución éste aclara su responsabilidad para con el cliente. Informa al consumidor con absoluta claridad sobre la índole y el propósito de un procedimiento de evaluación o intervención y acepta que se debe elegir libremente la participación como sujeto de una investigación.

  1. El psicólogo reconoce sus necesidades y la influencia que tiene frente a sus clientes, alumnos y subordinados, por lo que evita explotar la confianza y dependencia de éstos. Se esfuerza por evitar relaciones duales que puedan limitar su juicio crítico.
  2. El psicólogo que acepta tratar a un cliente a solicitud de un tercero asume la responsabilidad de aclarar a todos los interesados la naturaleza de su relación.
  3. El psicólogo establece con antelación sus cuotas y comunica éstas con claridad. No proporciona ni recibe remuneración por referir clientes y contribuye con trabajos poco o no remunerados.
  4. El psicólogo termina su servicio cuando el cliente no está derivando beneficios del mismo y ofrece alternativas de asistencia.

Principio 7. Relaciones profesionales.

El psicólogo respeta las necesidades, especializaciones y obligaciones de sus colegas y de otros profesionales. Asimismo, respeta las prerrogativas y las obligaciones de las instituciones u organizaciones a las que pertenecen sus colegas.

  1. El psicólogo conoce las áreas que competen a profesiones afines y se allega los recursos que correspondan mejor a las necesidades del cliente.
  2. El psicólogo no ofrece sus servicios a quien ya está recibiendo una ayuda similar; cuando alguien ya está recibiendo un servicio y solicita otro, discute con el cliente la situación, con tacto y sensibilidad.
  3. El psicólogo proveerá condiciones favorables de trabajo y posibilidades de desarrollo profesional para sus colaboradores.
  4. El psicólogo que investiga en una institución solicita la autorización pertinente.
  5. Toda contribución deberá ser reconocida y acreditada de acuerdo con el monto y el carácter de la misma.
  6. El psicólogo que conoce que un colega viola principios éticos intenta resolver informalmente la cuestión cuando la falta no exige de la sanción de un cuerpo colegiado.

Principio 8. Técnicas de evaluación.

En el desarrollo, publicación y empleo de técnicas de evaluación se está obligado a proteger el bienestar e intereses del cliente y a velar por el buen uso de aquéllas respetando el derecho del cliente de conocer los resultados.

  1. El psicólogo informa claramente a la persona sobre la naturaleza y los propósitos de una evaluación.
  2. El psicólogo que desarrolla y estandariza instrumentos de evaluación está obligado a seguir los procedimientos científicos establecidos para tales fines.
  3. El informe de resultados debe indicar las limitaciones que incidan en la validez y confiabilidad de los mismos.
  4. Los servicios computarizados de evaluación son exclusivamente de consulta interprofesional.
  5. El psicólogo vela por el uso profesional de las técnicas de evaluación.

Principio 9. Investigación con seres humanos.

La decisión de investigar descansa en el juicio ponderado del psicólogo que desea contribuir al desarrollo del bienestar humano y de la ciencia psicológica. El profesional que estudia a los seres humanos respeta la dignidad y bienestar de los participantes y tiene pleno conocimiento de las leyes y principios éticos que gobiernan la investigación con personas.

  1. El investigador debe establecer un contrato claro y justo con los participantes, informar ampliamente a los mismo y obtener su consentimiento antes de iniciar el trabajo; está igualmente comprometido a cumplir las obligaciones y promesas que contraiga con los participantes. Los niños y quienes por otras limitaciones no pueden comprender con claridad requieren procedimientos especiales de protección.
  2. La metodología de algunos estudios pide que se trabaje a ciegas o con engaño; el psicólogo debe determinar si tal exigencia está justificada, velar acuciosamente por los intereses del participante y explicar la situación en cuanto sea posible.
  3. El participante debe conocer los riesgos y peligros que conlleva su participación y tener acceso al investigador cuando se susciten situaciones que demanden su presencia.
  4. Después de obtener los datos el investigador está obligado a informar al participante de la naturaleza del estudio y a contestarle las dudas que hayan surgido.
  5. Cuando los procedimientos de investigación provoquen consecuencias indeseables se está obligado a un seguimiento incluso a largo plazo para detectar y corregir tales efectos.
  6. La información que se obtiene de un participante es confidencial a menos que se haya asentado lo contrario antes de obtener el consentimiento de participar.

Principio 10. Cuidado y uso de animales.

El investigador de la conducta animal desea comprender los principios básicos de su comportamiento y/o contribuir al mantenimiento de la salud humana; para ello se asegura del bienestar de los animales y los trata humanamente.

  1. La adquisición, el cuidado y el uso de animales están regulados legalmente por el Estado.
  2. El psicólogo que trabaja en el laboratorio supervisa y es responsable del buen trato que se dé a los animales.
  3. El psicólogo se esfuerza por disminuir la incomodidad, enfermedad o dolor del animal y únicamente emplea técnicas que lo provoquen cuando no existen otras alternativas.
  4. Si es necesario matar al animal lo hace rápidamente evitándole el dolor.
 

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Los investigadores, dirigidos por Murat Yücel, realizaron imágenes de resonancia magnética estructural de alta resolución realizadas en 15 hombres con una media de edad de 40 años que habían fumado más de cinco cigarrillos de marihuana al día durante más de 10 años. Sus resultados se compararon con imágenes de 16 individuos, con una media de 36 años, que nunca habían consumido cannabis. Todos los participantes realizaron una prueba de memoria verbal y fueron evaluados en relación a un umbral de síntomas por debajo del estándar del diagnóstico de enfermedad de trastornos psicóticos, que incluye la esquizofrenia y la manía.
El hipocampo, que se cree regula la emoción y la memoria, y la amígdala, que participa en el miedo y la agresión, tendían a ser más pequeños en los consumidores de cannabis que en los controles con un volumen reducido en una media del 12 por ciento en el hipocampo y del 7,1 por ciento de la amígdala.

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